Ecuanimidad: la virtud del equilibrio y de la armonía de tu ser

Ecuanimidad

La ecuanimidad refleja la inteligencia emocional, que se expresa a través del sosiego y de la alegría ante la adversidad.

Atribuído a Immanuel Kant

Por Larissa González Medina

La conquista de la ecuanimidad: la virtud del equilibrio y de la armonía de tu ser, esa habilidad de tener imparcialidad de juicio, sobre todo en tiempos aciagos, es el trabajo al que la humanidad nos enfrentamos en un contexto como el actual en el que nuestra realidad se ha transformado en algo enrarecido, ajeno.

Pero ¿cómo alcanzar la ecuanimidad? Partamos por definirla: la palabra “ecuanimidad” proviene del latín, aequaminitas. Sus componentes léxicos: aequa (igual), anima (ánimo), y el sufijo -dad (cualidad), así que su significado es: imparcialidad, neutralidad; tener la cualidad de mantener el ánimo atemperado, no obstante lo que suceda. En palabras de Ramiro Calle, la ecuanimidad es “un bálsamo, que sosiega y equilibra”.

Este autor la define como la “cualidad de cualidades” porque pone freno a las reacciones desmesuradas cuando se ha trabajado para tener una visión más clara e imparcial de lo que sucede. Tener el ánimo incólume, equilibrado; la paciencia ante la percepción nítida de la realidad. Ya sea en los tiempos tranquilos o en los agitados (sobre todo en estos últimos); quien logra la ecuanimidad es quien ha alcanzado la imperturbabilidad de su mente y se mantiene en un punto de quietud, en el centro de su ser, con un estado de ánimo constante.

Pero el desarrollo de la ecuanimidad requiere de un gran trabajo con la mente, a través de herramientas que hemos expuesto en este blog y muchas más, porque la construcción de la realidad que hemos hecho los seres humanos complica desarrollar esta virtud, partiendo de que es muy común encontrarnos con personas que presentan una resistencia sistemática al cambio, siendo que es justo el cambio la característica primaria de la existencia: la impermanencia, lo impredecible, lo aleatorio, lo incierto, lo imponderable, lo que de súbito emerge en cualquier instante, lo sorpresivo y, a veces, incomprensible.

Por muy novedoso e incómodo, doloroso, difícil, disfrutable, feliz que sea lo que llega a la vida propia, quien cultiva la ecuanimidad sabe que no será permanente porque “todo pasa, nada permanece”, así que se entrena en el desapego a las cosas, porque pasarán, como llegaron… Porque el apego es una expresión más del ego, es un oasis quimérico que hay que mantener a raya para no engañarnos, ni dañarnos deseando que la realidad sea lo que no es, sino desarrollar la capacidad de verla realmente para así poder modificarla…

Es preciso puntualizar que trabajar la ecuanimidad no consiste en achatar o nulificar las emociones, ni en negar los sentimientos propios, como dice Calle, no es impasibilidad, ni incapacidad de sentir, sino sosiego y armonía en cualquier circunstancia; mantenerse estables, pese a estar expuesto a diversos estímulos dolorosos, incómodos, que pueden causar la pérdida del equilibrio de la mente porque ya habremos trabajado en alcanzar la concienciación, es decir, en las disolución del juicio (que casi siempre es mecánico en el ser humano) ante casi cualquier estímulo.

Para desarrollar la ecuanimidad te puede interesar leer:

Piensa mal y vivirás igual: tu actitud determina tu existencia

“Arquitectos de nuestro propio destino” por azar o por decisión

Hacer de la mente nuestra aliada

Fuentes:

https://es.wikipedia.org/wiki/Ecuanimidad