RESISTENCIA Y RECHAZO: VERDADEROS OBSTÁCULOS DE LA ECUANIMIDAD

“Más importante que tener una mente positiva es tener una mente serena”

Deepak Chopra

La vida nos sorprende, lo cual es normal, solo hay que estar alerta cuando en lugar de sorpresa estemos resistiendo o rechazando la realidad, porque podría tratarse de una postura “neurótica”, como indicaría Efraín Bartolomé[1], porque ello imposibilita la ecuanimidad, la receptividad y la aceptación incondicionales.

La manera en la que vemos la vida es fundamental porque ello define nuestros pensamientos, estos nuestras emociones y sentimientos que, a su vez, se convierten en nuestras actitudes y acciones, con sus naturales consecuencias.

Quien está dispuesto a vivir la vida como se presenta tiene un punto de partida más realista y sólido pues puede mirar con mayor claridad lo que sucede, puede ser flexible (sin apego a que las cosas sean lo que no son) y es capaz de tener receptividad y la aceptación incondicionales frente a lo novedoso con serenidad y, con la práctica, con ecuanimidad.

Cuando se tienen resistencias, generalmente, es porque las cosas son de una manera diferente a la esperada, es decir, distintas a las expectativas personales y que, por tanto, hay quien las puede juzgar como “insatisfactorias” aunque, de hecho, solo son como son…

La resistencia a la realidad reduce la claridad de visión sobre las cosas (la objetividad) y entorpece la capacidad para responder creativamente porque se crean expectativas, es decir, apego a resultados específicos que no necesariamente se darán y, como consecuencia, ello puede atraer sufrimiento en forma de frustración, desesperación o desesperanza.

En la medida en la que la resistencia a la realidad crece y se torna en rechazo, la persona, ya sin receptividad y la aceptación incondicionales se vuelve más rígida,juzga permanentemente las cosas con una tendencia negativa y desarrolla un apego irracional a lo conocido. Y es importante subrayar que es “irracional”, porque las cosas nunca permanecerán iguales: cambian. Como dicen los hinduistas: las cosas son “impermanentes”, y aun así en los rechazadores o controladores persiste la ilusión o el deseo de controlar lo que sucede.

Este esquema de juicio y apego trae consigo pensamientos que se vuelven más complejos y negativos, lo mismo que las emociones y los sentimientos, así como las actitudes y su manera de actuar, lo que se ve reflejado en el entorno que suele volverse un tanto hostil porque no trae los resultados esperados por quien rechaza la realidad.

La vida nos sorprende y si queremos vivirla con serenidad es preciso que trabajemos la ecuanimidad en cada oportunidad, lo cual implica aprender a definir consciente y constantemente la forma en la que procesamos y enfrentamos los sucesos cotidianos (con flexibilidad, resistencia o rechazo) porque ello determina la vida propia, lo que acaba creando nuestra propia vida…

[1] Efraín Bartolomé. (2006). Educación emocional en veinte lecciones. México: Paidós.

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